Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137
Hace tiempo digo que estamos asistiendo al tiempo de las revelaciones.
La maldad que venía siendo aplicada con disimulo, en este último tiempo actúa a cara descubierta y sin anestesia, pero un fenómeno de justicia, de la justicia superior (y no la del hombre), hace que sea posible que se caigan los telones.
Es como si una mano invisible hubiera decidido que ya basta de sombras.
Los que durante décadas tejieron redes en la oscuridad ahora se enredan en sus propios hilos.
Planes que se gestaron en espacios cerrados, con risas contenidas y copas de cristal, se desmoronan en cuestión de horas por una frase dicha con demasiada confianza, por un video grabado sin pensar que alguien lo vería, por un mensaje que creyeron seguro.
Y lo más asombroso es la precisión de esa justicia.
No es ciega ni furiosa: es quirúrgica.
Golpea exactamente donde más duele, expone lo que más querían ocultar, y lo hace en el momento justo en que creían estar más seguros.
No hay apelación posible, no hay abogados que valgan, no hay dinero que compre el silencio cuando la verdad ya está en boca de millones.
Pero esta justicia superior también nos interpela a nosotros.
Porque mientras los telones caen en los grandes escenarios, también se abren cortinas más pequeñas en nuestras propias vidas: las excusas que nos contábamos, las verdades que evitábamos mirar, las complicidades que aceptamos por comodidad.
Nadie queda fuera del proceso.
La revelación es colectiva y, al mismo tiempo, profundamente personal.
Por eso muchos se resisten.
Prefieren aferrarse a la vieja versión de la realidad, aunque ya esté hecha trizas, porque aceptar la nueva exige demasiado: cambiar creencias, pedir perdón, reconstruir desde cero.
Otros, en cambio, sienten un alivio extraño, como quien por fin deja de contener la respiración después de años bajo el agua.
Y en ese punto estamos ahora:
En el silencio incómodo que sigue al estruendo de los telones cayendo.
Un silencio lleno de preguntas.
¿Qué hacemos con tanto espacio vacío?
¿Quiénes seremos cuando ya no podamos escondernos detrás de las máscaras que nos prestaron?
¿Seremos capaces de construir algo que no necesite nuevos telones?
Creo que sí.
Creo que este es el verdadero sentido del tiempo de las revelaciones:
No solo castigar lo viejo, sino obligarnos a parir lo nuevo.
Con dolor, con miedo, pero también con una libertad que no habíamos conocido nunca.