Warning: mysqli_stmt::close(): Couldn't fetch mysqli_stmt in /home/c2060665/public_html/articulo.php on line 137

Fortaleza Femenina: entre el Mandato y el Límite

¿Cuántas veces decimos que nos amamos, cuando la realidad y lo cotidiano, nos demuestra que nos hablamos y nos tratamos con dureza?

Nos enseñaron a ser fuertes, a aguantar, a dar, a sostener…

Pero nadie nos enseñó qué hacer con la voz interna que nos critica, nos exige y nos dice que nunca es suficiente.

El amor propio no siempre se aprende con frases lindas: muchas veces se logra después del cansancio, del desamor y de habernos olvidado de nosotras mismas.

La trampa de ser todo

Muchas mujeres vivimos bajo una presión constante: ser eficientes, fuertes, lindas, disponibles, exitosas y emocionalmente estables, todo al mismo tiempo. La autoexigencia se vuelve una voz interna que nunca se calla, y la comparación, transforma la propia vida en una carrera silenciosa contra otras mujeres y contra una imagen imposible de conseguir.

A esto le sumamos la culpa: culpa por descansar, por decir que no, por elegir tiempo propio. Como si nuestro valor personal estuviera atado a cuánto se da, cuánto se aguanta o cuán necesaria se es para los demás.

El cansancio emocional aparece cuando sostener todo deja de ser una elección y se convierte en una obligación. Cuando la fortaleza ya no es poder, sino mandato.

Revisar estos modelos también es amor propio. Entender que no valemos por cumplir con todos los roles a la perfección, sino por reconocernos humanas, con límites, procesos y necesidades.

Tal vez hoy, el verdadero acto de autoestima sea no intentar ser todo, para comenzar a ser fiel a una misma.

Amor propio: lo que es (y lo que no es)

Ahora bien, el amor propio, no es mirarnos al espejo y sonreír todos los días. A veces es decir no, poder descansar o elegirnos, aunque otros no lo comprendan. Esto nos invita a desmontar algunos mitos:

Durante mucho tiempo, el amor propio fue confundido con egoísmo, como si elegirnos implicara dejar de amar a otros. Sin embargo, cuidarse no es cerrarse, sino que es reconocer que para sostener vínculos sanos, primero hay que estar habitando la propia vida.

Tampoco se trata de perfección. No es gustarnos todos los días, ni sentirnos seguras todo el tiempo. Tampoco tener una autoestima inquebrantable. Es aceptarnos incluso en los días de duda, cansancio o vulnerabilidad.

Otro mito frecuente, es creer que el amor propio aparece solo cuando todo está bien. Como si primero tuviésemos que estar ordenadas, fuertes y resueltas para recién ahí, querernos. En realidad, muchas veces el amor propio empieza justo en el desorden: cuando algo nos duele, cuando una relación se cae, cuando el cuerpo pide pausa.

Amarse no es exigirnos más. Es escucharnos mejor. Amor propio también es decir no, poner límites, pedir ayuda, descansar sin culpa y elegir procesos reales en lugar de versiones ideales de una misma.

Quizás el mayor gesto de amor propio hoy no sea demostrar fortaleza, sino permitirnos ser humanas.

Cuando el amor propio se aprende tarde

Para muchas de nosotras, el amor propio no es algo que se nos enseñó en la infancia. Aprendimos a ser buenas, a portarnos bien, a no molestar, a adaptarnos a lo que fuera para encajar. A veces, sin darnos cuenta, crecimos creyendo que el amor se ganaba siendo necesarias, complacientes o fuertes.

Estas heridas tempranas no siempre se expresan en grandes traumas. Muchas veces se muestran como pequeños mensajes reiterados como: “no hagas lío”, “sé fuerte”, “no seas egoísta”, “pensá en los demás primero”. Con el tiempo, esa lógica se traslada a los vínculos adultos, en los que prima la idea de priorizar al otro, volviéndose esta, una forma automática de amar y sostener, incluso cuando eso implica dejarnos en segundo plano.

En relaciones de pareja, amistad o familia, muchas mujeres aprendemos a sostener, comprender, esperar, justificar. A veces por amor, otras por miedo a perder o porque en el fondo, sigue viva la creencia de que si no damos tanto, entonces no merecemos tanto.

La maternidad, otro hito, suele profundizar este patrón. Quienes maternamos sabemos que el amor que tenemos hacia nuestros hijos e hijas es inmenso, pero también esto puede reforzar la idea de que ser una buena madre es postergarnos. Se trata de la figura de la madre que no se queja, que siempre puede un poco más, que está ahí, para todo. Y sin darnos cuenta, nuestra identidad queda atrapada sólo en aquel rol.

En este contexto, la voz interna crítica se vuelve poderosa. Esa voz que nos dice que no somos suficientes, que podríamos haber hecho más, que deberíamos estar mejor, que no tenemos derecho a cansarnos. No es una voz personal, muchas veces es la suma de mandatos, historias y exigencias que se volvieron internas.

Reconstruir el amor propio también es aprender a hablarse distinto. Cuestionar esa voz. Cambiar el “deberíamos” por el “necesitamos”. Comprender que cuidarnos no es abandonar a otros, sino dejar de abandonarse a una misma.

Tal vez el verdadero acto de sanación no sea volverse más fuerte, sino más amable con la propia historia.

Un mensaje para las mujeres que sostenemos más de lo que decimos

Si estamos cansadas, no es porque seamos débiles. Es porque somos fuertes hace mucho tiempo.

Somos fuertes cuando nadie nos ve, cuando resolvemos, cuando cuidamos, cuando seguimos, incluso con el corazón cansado.

Este mensaje no es para decirnos que hagamos más.
Es para darnos permiso.

Permiso para parar.
Permiso para no poder con todo.
Permiso para no estar bien todo el tiempo.
Permiso para pedir ayuda sin sentirte menos.

No necesitamos demostrar nuestro valor sosteniendo cargas invisibles.
Nuestro valor no se mide en cuánto aguantamos, sino en quienes somos, incluso cuando aflojamos.

Hay una fuerza distinta que también es nuestra: la fuerza de poner límites, la de elegirnos, la de escucharnos, de decir basta sin culpa.

No estamos fallando por sentirnos cansadas. Estamos escuchando una parte sabia de nosotras, una parte que nos pide cuidado.

Que este sea nuestro recordatorio:
No tenemos que ganarnos el descanso.
No tenemos que justificar nuestra sensibilidad.
No tenemos que ser perfectas para ser valiosas.

Ya somos suficientes.
Incluso hoy.
Incluso así.

Reconstruir el amor propio, no es volvernos duras, es volver a ser fieles a lo que sentimos.

 

¿Qué pasaría si comenzaras a tratarte tan bien como tratas a los demás?

 

 

 

 

 

 



Autor:Florencia Pinolini

Comentarios

Comentar artículo