Hay personas que no te quieren bien, pero tampoco te quieren lejos. No te abrazan de verdad, pero te “jalan” cuando intentas irte.
Te dicen “te quiero” mientras te ignoran, y justo cuando decides marcharte te ofrecen migajas de afecto, promesas repentinas y palabras que llegan tarde.
Y lo hacen, no porque hayan cambiado, sino porque temen perder el control y que sigas ahí, rondándole. Y eso lejos de ser amor, es una forma de violencia solapada, que usa la ambivalencia como estrategia para confundir ; el refuerzo intermitente que te engancha; y el chantaje emocional como táctica para hacerte dudar de ti misma(o). Y así es como hábilmente, te mantienen en pausa, esperando una versión de amor que nunca termina de llegar, ni llegará.
Porque eso NO es amor, es “posesión” disfrazada de cariño. Quien te quiere bien, no juega a desaparecer para que lo persigas, no te manipula para que te quedes, no te hace sentir culpable por elegirte. Ni se la pasa chantajeando para que “vuelvas”. El amor sano NO retiene: acompaña o suelta. Y a veces irse no es abandono al otro, es supervivencia, porque elegir la paz, aunque duela, también, es un acto profundo de amor propio. ¡Así que mucho ojo, con esa gente que no te suelta…!