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Todo Comenzó otra Vez

Al principio no existía el tiempo, ni el sonido, ni el color.

Solo una vibración profunda: el latido primordial.

De ese pulso nació la primera chispa:

Luz y Sombra danzando juntas, entrelazadas en un movimiento eterno.

De esa danza nació el Amor —no como emoción—

sino como la fuerza que une lo que fue separado.

De su unión surgieron los Mundos,

y en ellos crecieron los Árboles Cósmicos,

guardianes de la memoria universal.

Sus raíces bebían la esencia de las estrellas,

sus ramas tocaban los confines del alma.

Cada hoja era un suspiro;

cada fruto, una promesa cumplida en otra era.

Entre esos mundos, dos almas viajaban sin nombre, buscándose.

“Te reconocería incluso en la oscuridad,

por la forma en que te callas, por la forma en que respiras.”

Eran polvo estelar que se atraía más allá de la lógica del cosmos.

Se hallaron en distintas vidas:

fuego y viento, luna y marea, raíz y tierra.

Porque el amor no se elige,

simplemente ocurre.

Los Árboles Sagrados susurraban su historia:

el amor verdadero no se mide en tiempo, sino en vibración.

En un mundo donde los océanos brillaban con fuego líquido

y los cielos estaban tejidos con sueños,

las dos almas volvieron a encontrarse.

Ella tenía cicatrices invisibles.

Él, sombras en la mirada.

Y aun así, se amaron.

No para completarse, sino para recordarse.

Su unión fue alquimia:

las heridas se volvieron oro,

el dolor, raíz.

Y entonces, el universo respiró.

Luz y Sombra dejaron de ser opuestos.

Fueron Uno.

Y el Amor —aquel mismo latido primordial—

volvió a encenderse en todas las cosas.

Nada terminó.

Todo comenzó otra vez."



Autor:EDITORIAL

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