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Cómo afecta la música al cerebro del bebé

Desde el vientre materno, la música puede convertirse en una de las primeras formas de comunicación entre el bebé y el mundo que lo rodea. Su influencia atraviesa el desarrollo cerebral, emocional, lingüístico y social, y convierte a una simple canción de cuna en mucho más que una melodía para dormir.

La música forma parte de la vida humana desde tiempos remotos. Antes de que existieran las palabras escritas, los instrumentos o las grandes composiciones, ya estaban la voz, el ritmo y las melodías que acompañaban los momentos más importantes de la vida. Y quizá uno de los primeros lugares donde la música adquiere significado sea en los brazos de una madre, un padre, una abuela o cualquier persona que canta para un niño.

El Dr. Ibrahim Baltagi, especialista en música y educación musical, ha explicado en una clase magistral dedicada a la crianza cómo la música puede contribuir al desarrollo cerebral durante la infancia y por qué su presencia desde los primeros momentos de la vida puede ser tan significativa.

La música antes del nacimiento

El desarrollo auditivo comienza durante la gestación. A medida que avanza el embarazo, el bebé puede percibir sonidos provenientes del entorno y, especialmente, las características de la voz materna.

Por eso, hablarle, cantarle o escuchar música durante el embarazo no tiene solamente un valor afectivo. También permite que el niño tenga sus primeros contactos con los sonidos, los ritmos y las variaciones de la voz humana.

Después del nacimiento, muchos bebés parecen tranquilizarse al escuchar una voz familiar o una melodía que ya habían escuchado durante el embarazo. La explicación no está solamente en la música como sonido, sino también en la seguridad y el vínculo emocional que puede acompañarla.

Una canción también es aprendizaje

Cuando un adulto canta frente a un niño, se produce una experiencia que reúne diferentes estímulos al mismo tiempo. Hay ritmo, repetición, entonación, palabras, pausas y emociones.

Todos estos elementos pueden favorecer distintas áreas del desarrollo infantil. Las canciones ayudan a familiarizar al niño con los sonidos del lenguaje, estimulan la atención y la memoria y, a medida que crece, pueden acompañar la adquisición de nuevas palabras y formas de expresión.

Pero la música no trabaja únicamente sobre lo cognitivo. También puede convertirse en una herramienta para expresar emociones, generar calma y fortalecer los vínculos.

El origen de las canciones de cuna

Las canciones de cuna pertenecen a una de las tradiciones musicales más antiguas de la humanidad. Existen en prácticamente todas las culturas y, aunque sus melodías y palabras cambian de un lugar a otro, cumplen una función semejante: acompañar al niño, transmitir seguridad y favorecer el descanso.

Su característica fundamental suele ser la repetición. Una melodía sencilla, un ritmo pausado y una voz cercana crean un ambiente previsible para el bebé.

No se necesita una gran técnica vocal ni conocer música para cantar una canción de cuna. La voz de quien cuida al niño es, en sí misma, un instrumento cargado de significado afectivo.

Cantar también es construir un vínculo

En una época en la que muchas actividades infantiles están atravesadas por las pantallas y los dispositivos electrónicos, recuperar el valor de cantar juntos adquiere una importancia especial.

Una canción cantada por una madre, un padre, un abuelo o una maestra implica presencia. El niño escucha una voz, observa un rostro, percibe una expresión y comparte un momento de atención.

La música, entonces, deja de ser simplemente un estímulo auditivo y se transforma en una experiencia humana.

En ese sentido, las canciones de cuna representan una de las formas más sencillas y profundas de crianza: un adulto que toma en sus brazos a un niño y, mediante su voz, le transmite algo que no necesita explicación.

La música como lenguaje universal de la infancia

No importa si se trata de una canción de cuna tradicional, una chacarera suavemente cantada, una canción inventada por los padres o una melodía repetida cada noche. Lo importante es la interacción que se genera.

La música puede acompañar el crecimiento desde antes del nacimiento y continuar durante los primeros años como una herramienta para jugar, aprender, recordar, expresar sentimientos y relacionarse con los demás.

Por eso, hablar de música en la primera infancia es hablar también de afecto. Cada canción puede convertirse en una pequeña memoria emocional que permanece en el niño.

Tal vez por eso las canciones de cuna han sobrevivido durante siglos y continúan pasando de generación en generación. Porque antes de que un niño pueda comprender el significado de las palabras, ya puede reconocer el tono del cariño en una voz que le canta.



Autor:Editorial

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