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Atrapado en una Historia Mental

Te despiertas por la mañana y, casi de inmediato, te sumerges en la corriente: los pensamientos sobre el día, las sensaciones del cuerpo, los recuerdos, los planes.

Te identificas con esta corriente.

Crees que eres el pensador de los pensamientos, el sentidor de las emociones.

Pero si te detienes un instante y te preguntas:

"¿Quién es el que está consciente de estos pensamientos?

 ¿Quién nota esta sensación de identificación?", aparece una pista.

Hay una consciencia que precede a todo contenido mental, un espacio silencioso desde el cual observas incluso la pregunta más profunda sobre ti mismo.

Eso no es un pensamiento más; es el testigo, la presencia pura, el cielo de la consciencia en el que todas las nubes de la experiencia personal aparecen y desaparecen.

Este testigo no es un objeto que puedas localizar.

No tiene edad, género, historia ni personalidad.

No se alegra con tus éxitos ni se deprime con tus fracasos.

Simplemente es.

Es la parte de ti que, cuando eras niño, observaba el mundo con asombro antes de aprender a nombrarlo.

Es la parte que, en un sueño lúcido, sabe que estás soñando.

Es la conciencia desnuda que es lo único que no cambia en ti desde que naciste hasta que mueras. Todo lo demás, tu cuerpo, tus creencias, tus roles, ha cambiado y cambiará.

Pero la capacidad de ser consciente, ese "yo soy" fundamental, permanece intacta.

Ese es tu verdadero ser.

La magia ocurre cuando cambias tu identificación del contenido (los pensamientos, los dramas) al contexto (el testigo, la consciencia).

En lugar de decir "estoy enfadado", puedes notar:

"Hay enfado surgiendo en el campo de la conciencia".

Ese pequeño cambio de perspectiva es revolucionario.

Le quita poder al drama emocional.

Te das cuenta de que no eres el enfado; eres el espacio en el que el enfado es experimentado.

Y como el espacio, no puedes ser dañado por lo que contiene.

Esta realización es la puerta a la libertad interior.

Ya no estás a merced de tus estados de ánimo.

Puedes permitir que cualquier experiencia pase a través de ti, sabiendo que tú eres más vasto que ella.

Así que hoy, practica ser el cielo.

Cada vez que te sientas atrapado en una historia mental o en una emoción fuerte, haz una pausa.

Respira y siente la sensación de "ser" antes de cualquier pensamiento.

Pregunta suavemente:

"¿Qué es lo que es consciente de esto en este momento?".

No busques una respuesta mental.

Solo descansa en la sensación de presencia consciente.

Con el tiempo, este espacio interno se volverá más familiar y real que los dramas que en él se desarrollan.

Descubrirás que la paz que tanto buscas no es un estado que se alcanza, sino la naturaleza fundamental de quien eres cuando dejas de identificarte con el ruido pasajero.

Y en esa quietud, encontrarás un hogar que nunca cambia, un amor que nunca te abandona, y una libertad que nada en el mundo externo puede darte ni quitarte, la libertad de ser simplemente consciente, el testigo eterno y amoroso de tu propia y hermosa película vital.



Autor:Eva

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