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Uno de los mayores miedos que puede tener una madre es criar a sus hijos en una familia rota.
¿Quién querría eso?
Nadie, ¿verdad?
Pero la verdad es que hay cosas en la vida que simplemente están fuera de nuestro control.
A veces, por más que lo intentemos, la separación sucede.
Y cuando eso pasa, casi siempre son los hijos quienes más sufren.
Son ellos quienes cargan el dolor por más tiempo que los padres.
Duele el corazón, sobre todo cuando son tan pequeños, demasiado pequeños para entender por qué mamá y papá ya no pueden estar juntos.
Para ellos, todo se vuelve confuso, una gran pregunta sin respuesta: “¿Por qué nos está pasando esto?”
A todos los padres que están pasando por momentos difíciles, antes de decidir irse, ojalá se detengan un momento a recordar: hubo un tiempo en el que se amaron, en el que soñaron juntos, en el que construyeron la familia que hoy tienen.
Tal vez, solo tal vez, aún exista una oportunidad de salvarla.
La separación no siempre es la respuesta.
A veces lo que se necesita es espacio, tiempo, un momento para reflexionar y respirar.
Porque sí, ustedes merecen ser felices.
Pero recuerden que sus hijos merecen aún más una familia feliz y completa.
Y si al final han intentado todo y realmente ya no hay vuelta atrás, entonces acéptenlo.
Duele, pero quizá ese capítulo ya se cerró.
Como dicen, “todo pasa por una razón”.
Si toman caminos separados, que sea con respeto, y nunca permitan que sus hijos se sientan abandonados.
Ámenlos, apóyenlos y ayúdenlos a entender.
Porque a veces, quedarse juntos solo para decir que la familia está “completa” puede causar todavía más daño.
Un hogar tóxico puede lastimar tanto como una separación.
Así que, si deben separarse, háganlo con amor por el bien de sus hijos.
Ellos no merecen una familia rota.
Pero si sucede, al menos bríndenles un amor que nunca se rompa.